14 de Abril el cumpleaños número tres de mi pequeña A Lucx, a quien desde hace varios días le reiteraba que iba a viajar a una oficina muy lejana a lo que ella me respondía con su timbre de voz infantil “no quiero mi viejito lindo”, el día llegó y esa tarde se quedó dormida mientras jugueteaba entre mis brazos, cosa que no hacía desde hace muchos meses, así que el regalo de cumpleaños me lo dio fue ella a mí. Se veía tan tierna e inocente que la apoye fuertemente contra mi pecho como queriéndole dar un abrazo infinito o llevármela en el corazón.
La trasladé lentamente a la cama como si viajara en una nube, se acomodó suavemente, le besé la frente y me respondió en medio de su sueño con una sonrisa de satisfacción.
Las maletas listas, cámaras, grabadora y computador, unos 40 0 50 kilos de peso que me acompañarían en mi aventura de atravesar el Atlántico para conocer nuevas tierras, costumbres y culturas.
Embarqué en Marinilla Antioquia , y crucé en bus varios departamentos durante nueve horas hasta llegar a Bogotá al consulado de España, el cual después de casi tres meses aceptó darme la visa; uno no entiende como pueden retenerle el pasaporte por más de 15 días, pienso que deberían tener otro método para asignar el permiso de migración; pero bueno así funcionan las cosas en mi país, así que si uno va a viajar a otra nación mientras está sacando la visa para España, se jodió porque queda totalmente indocumentado.
Salí de la embajada con el anhelado permiso, a realizar las mil y una vuelta que surgen a ultima hora, incluso a revisar el peso de la maleta, si te pasas de un kilo son 20 euros de recargo, sería un error imperdonable, pasó a la tienda de la esquina me prestan una romana de esas pesas antiguas que se utilizan en las fincas cafeteras o en las carnicerías para pesar, y me sobraban 3 kilos, entonces a decidir que no llevo.
Del bus al airbus
Ya en el aeropuerto a pesar de llegar tres horas antes la cola para la aerolínea era inmensa, no lo podía creer parecía una fila para el Transmilenio o la visita a la nueva estación del metrocable en Medellín, desde mi inexperiencia pensé que eran varios aviones, mucha gente y de diferentes perfiles, adelante unas damas muy encopetadas, como cuchibarbies, emperifolladas y con gran cantidad de equipaje abrigos de pieles y sonrisas muy bien manejadas para ocultar las arrugas promedio de 50 a 55 años; a tras un grupo familiar, parecían de descendencia indígena eran como cinco personas de ese grupo, más adelante algunos Españoles, todos haciendo la fila y preocupados porque casi no avanzaba.
Llegó la hora del tiquete, ya había hecho embalar la maleta y por recomendaciones familiares la envolví en un polietileno o plástico que costó la módica suma de 5 euros o 14 pesos colombianos; ah y hasta me hicieron poner un candado a la maleta que para evitar que algún personaje extraño me fuera a meter quien sabe que cosa, bueno muchas prevenciones para mi frescura a la hora de viajar, pero las tuve en cuenta para no herir susceptibilidades en la familia que se preocupa tanto por uno, pues a pesar de estar próximo al cuarto piso, mi primeros cuarenta, y ser el mayor de los hermanos, todavía me dicen el niño, cosa que no sucede por lo Europas.
La raqueteada acostumbrada.
Una vez tiqueteado, subo a despedirme de la familia, tías pero no de las de España sino las hermanas de mi madre y por supuesto mi queridísima progenitora que se pegó el viaje desde Cali a despedir a su querido hijo; esta vez no hubo lágrimas sin embrago alrededor si se escuchaban muchos sollozos y se veían rostros tristes , tanto de viajeros como de sus familiares, tal vez se despedían por mucho tiempo, algunos a vivir a Europa, otros a engrosar las filas de emigrantes…en fin uno se imagina muchas situaciones, cada cual tiene su historia y en el avión me enteré de varias.
Antes de entrar al avión te requisan hasta el ultimo intersticio, bolsillo o pliegue, te toca sacudir hasta la última moneda, quitarte la chaqueta, la correa, el reloj, los anillos, las mujeres los aretes, bueno y no sé los que tienen pierdes que pasará?, me queda la duda, y si lo averiguo se los cuento.
Prueba superada, bienvenido a bordo, que animal tan grande, en las películas no los había visto aún. 50 filas de a ocho puestos, de dos a la izquierda y derecha y cuatro en el centro, todas llenas incluyendo la clase ejecutiva, me tocó ventanilla y como niño chiquito feliz para disfrutar del paisaje.
Los compañeros de Vuelo
El primer contacto con la península Ibérica fue al escuchar la voz de las azafatas, quienes hicieron su aparición como salidas de una película de Almodóvar… nada que ver con las aeromozas colombianas 90, 60, 90, juventud y mucha simpatía, bueno en Colombia el casting es diferente, en España se confirma de que lo más importante son la capacidad y la experiencia, es una de mis primeras conclusiones.
Al lado un joven de 29 años, egresado del Sena de Bucaramanga como mecánico quien ya ha viajado a España en dos ocasiones y tiene permiso de trabajo, estuvo 18 meses trabajando en Madrid y viviendo en .un pueblo cercano, Alcalá de Linares creo, sin embargo no aguantó más se regresó a visitar su familia, esposa e hijas. Me contó que la vida en Madrid es muy costosa y que para poder ahorrar algo es mejor vivir solo y aguantar para enviar algún dinero a su familia. Cuando regresó intentó conseguir trabajo en Bucaramanga pero el máximo salario que le ofrecieron fue de 500 mil pesos, así que estaba de regreso porque en Madrid le pagaban de 1000 a 1400 euros de los cuales se gastaba unos 800 y ahorraba el resto, eso si sin tomarse ni un trago, sin salir a pasear o comer en la calle.
Después de escuchar la historia traté de quedarme dormido, sin embargo al poco tiempo me desperté con el murmullo de al lado, resulta que los recolectores de fruta quienes estaban como de fiesta de verdad que fue un viaje ameno me sentí como en casa, hablaban de sus familias, contaban anécdotas y se tomaban sus vinos y cervezas, hasta me invitaron a una, eso si de cuenta de Iberia porque la casa paga.
Los recolectores eran un combo como de veinte personas contratadas para recolectar la cosecha, ellos van hasta Cataluña en Lleida; allí les pagan por horas, pueden ganarse más o menos 1000 euros al mes, trabajan tres, les dan el alojamiento y alimentos para que ellos mismos los preparen, así que pueden ahorrar gran parte de su salario; sin embargo la condición es que no pueden salir de el cultivo; así que apenas terminan su trabajo de regreso a Colombia, me imagino que felices después de 90 días de encierro es más que justo el sacrificio.
Las elegantes damas de adelante muy bien puestas, hasta una se puso pijama para dormir, hombre no se me había ocurrido, que simpáticas parecían Tola y Maruja, me preguntaron,” y tú que frutas coges?”, yo les respondí que me gustaban todas pero que las más complicadas eran el lulo y las moras. Me contaron que iban para la ciudad de Milán en Italia para a una feria del mueble porque eran decoradoras de interiores, casi les pregunto que cuanto cobraban por decorar los míos.
Fenómeno de sueño
La noche avanzaba y yo trataba de no quedarme dormido, tenía la cámara en la mano para registrar el momento cuando uno cruza el umbral de la oscuridad y aparece el día de un momento a otro, uno viaja a eso de las 6 de la tarde y le amanece a la una de la mañana hora colombiana, para mí a pesar de la clase de física, geografía, de lo que uno lee o por mucho Discovery que vea no hay como vivir o sentir la experiencia, así que pueda entender la redondez y el movimiento de la tierra pero sigue siendo un fenómeno como diría un compadre argentino “saber que se me pierden siete horas de mi vida y no sé donde buscarlas Che”, me perdonan sus mercedes pero estoy siendo sincero.
Les cuento que por más esfuerzo que hice, cerré mis ojos y cuando los abrí no sé cuantos minutos pasaron o tal vez media hora, lo que si les digo era que tenía el bendito sol de frente y me perdí el espectáculo natural que estaba esperando por años, y abajo mar y nubes, sólo mar y nubes; entonces ya de arrecho como dirían en Santander o berraco en mi tierra, me fui para la parte de atrás del avión y le dije a la azafata de Almodóvar que me regalara un vino tinto y me lo clave de una. Y como estoy siendo sincero con ustedes me entró la curiosidad de conocer el baño de ese animalote airbus así que me quedé esperando un rato para que saliera el que estaba adentro hasta que uno de los recolectores me dijo, “no sea toche que adentro no hay nadie y me abrió la puerta”, efecto del vino tal vez, cuando entre pensé igualitico a los de los coche buses de mi tierra a los que dicen climatizado, confort, coche baño y otros que se me pasan.
Llegó la hora del desayuno, el primer bocadillo de mi vida, bueno no veleño o de guayaba sino con jamón y queso, sencillísimo en España le dicen bocadillo y nosotros sándwich; café y listo. Luego pasan diciéndote té o café, más té o más café, como para que uno no diga que no lo atendieron bien; bueno creo que a los de la clase ejecutiva les dan otras cositas como servicio a la carta, las sillas se pueden reclinar totalmente y creo que hasta cobija y pagan hasta tres veces más de lo que cuesta el tiquete normal, pero de todas maneras no llegan primero que nosotros todos llegamos al mismo tiempo; bueno ellos si se bajan primero porque como yo iba en la parte de atrás me tocó esperar hasta que se bajaran los 400 de adelante.
En el Barajas
La trasladé lentamente a la cama como si viajara en una nube, se acomodó suavemente, le besé la frente y me respondió en medio de su sueño con una sonrisa de satisfacción.
Las maletas listas, cámaras, grabadora y computador, unos 40 0 50 kilos de peso que me acompañarían en mi aventura de atravesar el Atlántico para conocer nuevas tierras, costumbres y culturas.
Embarqué en Marinilla Antioquia , y crucé en bus varios departamentos durante nueve horas hasta llegar a Bogotá al consulado de España, el cual después de casi tres meses aceptó darme la visa; uno no entiende como pueden retenerle el pasaporte por más de 15 días, pienso que deberían tener otro método para asignar el permiso de migración; pero bueno así funcionan las cosas en mi país, así que si uno va a viajar a otra nación mientras está sacando la visa para España, se jodió porque queda totalmente indocumentado.
Salí de la embajada con el anhelado permiso, a realizar las mil y una vuelta que surgen a ultima hora, incluso a revisar el peso de la maleta, si te pasas de un kilo son 20 euros de recargo, sería un error imperdonable, pasó a la tienda de la esquina me prestan una romana de esas pesas antiguas que se utilizan en las fincas cafeteras o en las carnicerías para pesar, y me sobraban 3 kilos, entonces a decidir que no llevo.
Del bus al airbus
Ya en el aeropuerto a pesar de llegar tres horas antes la cola para la aerolínea era inmensa, no lo podía creer parecía una fila para el Transmilenio o la visita a la nueva estación del metrocable en Medellín, desde mi inexperiencia pensé que eran varios aviones, mucha gente y de diferentes perfiles, adelante unas damas muy encopetadas, como cuchibarbies, emperifolladas y con gran cantidad de equipaje abrigos de pieles y sonrisas muy bien manejadas para ocultar las arrugas promedio de 50 a 55 años; a tras un grupo familiar, parecían de descendencia indígena eran como cinco personas de ese grupo, más adelante algunos Españoles, todos haciendo la fila y preocupados porque casi no avanzaba.
Llegó la hora del tiquete, ya había hecho embalar la maleta y por recomendaciones familiares la envolví en un polietileno o plástico que costó la módica suma de 5 euros o 14 pesos colombianos; ah y hasta me hicieron poner un candado a la maleta que para evitar que algún personaje extraño me fuera a meter quien sabe que cosa, bueno muchas prevenciones para mi frescura a la hora de viajar, pero las tuve en cuenta para no herir susceptibilidades en la familia que se preocupa tanto por uno, pues a pesar de estar próximo al cuarto piso, mi primeros cuarenta, y ser el mayor de los hermanos, todavía me dicen el niño, cosa que no sucede por lo Europas.
La raqueteada acostumbrada.
Una vez tiqueteado, subo a despedirme de la familia, tías pero no de las de España sino las hermanas de mi madre y por supuesto mi queridísima progenitora que se pegó el viaje desde Cali a despedir a su querido hijo; esta vez no hubo lágrimas sin embrago alrededor si se escuchaban muchos sollozos y se veían rostros tristes , tanto de viajeros como de sus familiares, tal vez se despedían por mucho tiempo, algunos a vivir a Europa, otros a engrosar las filas de emigrantes…en fin uno se imagina muchas situaciones, cada cual tiene su historia y en el avión me enteré de varias.
Antes de entrar al avión te requisan hasta el ultimo intersticio, bolsillo o pliegue, te toca sacudir hasta la última moneda, quitarte la chaqueta, la correa, el reloj, los anillos, las mujeres los aretes, bueno y no sé los que tienen pierdes que pasará?, me queda la duda, y si lo averiguo se los cuento.
Prueba superada, bienvenido a bordo, que animal tan grande, en las películas no los había visto aún. 50 filas de a ocho puestos, de dos a la izquierda y derecha y cuatro en el centro, todas llenas incluyendo la clase ejecutiva, me tocó ventanilla y como niño chiquito feliz para disfrutar del paisaje.
Los compañeros de Vuelo
El primer contacto con la península Ibérica fue al escuchar la voz de las azafatas, quienes hicieron su aparición como salidas de una película de Almodóvar… nada que ver con las aeromozas colombianas 90, 60, 90, juventud y mucha simpatía, bueno en Colombia el casting es diferente, en España se confirma de que lo más importante son la capacidad y la experiencia, es una de mis primeras conclusiones.
Al lado un joven de 29 años, egresado del Sena de Bucaramanga como mecánico quien ya ha viajado a España en dos ocasiones y tiene permiso de trabajo, estuvo 18 meses trabajando en Madrid y viviendo en .un pueblo cercano, Alcalá de Linares creo, sin embargo no aguantó más se regresó a visitar su familia, esposa e hijas. Me contó que la vida en Madrid es muy costosa y que para poder ahorrar algo es mejor vivir solo y aguantar para enviar algún dinero a su familia. Cuando regresó intentó conseguir trabajo en Bucaramanga pero el máximo salario que le ofrecieron fue de 500 mil pesos, así que estaba de regreso porque en Madrid le pagaban de 1000 a 1400 euros de los cuales se gastaba unos 800 y ahorraba el resto, eso si sin tomarse ni un trago, sin salir a pasear o comer en la calle.
Después de escuchar la historia traté de quedarme dormido, sin embargo al poco tiempo me desperté con el murmullo de al lado, resulta que los recolectores de fruta quienes estaban como de fiesta de verdad que fue un viaje ameno me sentí como en casa, hablaban de sus familias, contaban anécdotas y se tomaban sus vinos y cervezas, hasta me invitaron a una, eso si de cuenta de Iberia porque la casa paga.
Los recolectores eran un combo como de veinte personas contratadas para recolectar la cosecha, ellos van hasta Cataluña en Lleida; allí les pagan por horas, pueden ganarse más o menos 1000 euros al mes, trabajan tres, les dan el alojamiento y alimentos para que ellos mismos los preparen, así que pueden ahorrar gran parte de su salario; sin embargo la condición es que no pueden salir de el cultivo; así que apenas terminan su trabajo de regreso a Colombia, me imagino que felices después de 90 días de encierro es más que justo el sacrificio.
Las elegantes damas de adelante muy bien puestas, hasta una se puso pijama para dormir, hombre no se me había ocurrido, que simpáticas parecían Tola y Maruja, me preguntaron,” y tú que frutas coges?”, yo les respondí que me gustaban todas pero que las más complicadas eran el lulo y las moras. Me contaron que iban para la ciudad de Milán en Italia para a una feria del mueble porque eran decoradoras de interiores, casi les pregunto que cuanto cobraban por decorar los míos.
Fenómeno de sueño
La noche avanzaba y yo trataba de no quedarme dormido, tenía la cámara en la mano para registrar el momento cuando uno cruza el umbral de la oscuridad y aparece el día de un momento a otro, uno viaja a eso de las 6 de la tarde y le amanece a la una de la mañana hora colombiana, para mí a pesar de la clase de física, geografía, de lo que uno lee o por mucho Discovery que vea no hay como vivir o sentir la experiencia, así que pueda entender la redondez y el movimiento de la tierra pero sigue siendo un fenómeno como diría un compadre argentino “saber que se me pierden siete horas de mi vida y no sé donde buscarlas Che”, me perdonan sus mercedes pero estoy siendo sincero.
Les cuento que por más esfuerzo que hice, cerré mis ojos y cuando los abrí no sé cuantos minutos pasaron o tal vez media hora, lo que si les digo era que tenía el bendito sol de frente y me perdí el espectáculo natural que estaba esperando por años, y abajo mar y nubes, sólo mar y nubes; entonces ya de arrecho como dirían en Santander o berraco en mi tierra, me fui para la parte de atrás del avión y le dije a la azafata de Almodóvar que me regalara un vino tinto y me lo clave de una. Y como estoy siendo sincero con ustedes me entró la curiosidad de conocer el baño de ese animalote airbus así que me quedé esperando un rato para que saliera el que estaba adentro hasta que uno de los recolectores me dijo, “no sea toche que adentro no hay nadie y me abrió la puerta”, efecto del vino tal vez, cuando entre pensé igualitico a los de los coche buses de mi tierra a los que dicen climatizado, confort, coche baño y otros que se me pasan.
Llegó la hora del desayuno, el primer bocadillo de mi vida, bueno no veleño o de guayaba sino con jamón y queso, sencillísimo en España le dicen bocadillo y nosotros sándwich; café y listo. Luego pasan diciéndote té o café, más té o más café, como para que uno no diga que no lo atendieron bien; bueno creo que a los de la clase ejecutiva les dan otras cositas como servicio a la carta, las sillas se pueden reclinar totalmente y creo que hasta cobija y pagan hasta tres veces más de lo que cuesta el tiquete normal, pero de todas maneras no llegan primero que nosotros todos llegamos al mismo tiempo; bueno ellos si se bajan primero porque como yo iba en la parte de atrás me tocó esperar hasta que se bajaran los 400 de adelante.
En el Barajas
Primero tierra a la vista creo que cruzábamos por encima de Portugal, y luego el parlante que decía que abrocháramos los cinturones, abajo la ciudad de Madrid, avenidas mil y mil, anchas y grandes construcciones; lo que si extraña uno de primerazo es el verde de Colombia, las tierras se ven muy gastadas y algunas partes con características desérticas; antes de aterrizar las decoradoras de interiores bajaron una maleta para sacar toda la pintura y estaban en el ritual del repello y acicalamiento, cuando llegó la hija de Almodóvar y le pegó tremenda peinada como dirían en mi país, sea que las regañó porque era la hora del aterrizaje y estaban con esa maleta entre las piernas, que si el avión se estrellaba ellas iban a ser las primera mal libradas.
Que diferencia pensé las azafatas cero de maquillaje, recién despiertas y las decoradoras arriesgando su vida para morir al menos con una buena imagen.
Bajamos del avión el aeropuerto inmenso al entrar empieza a sentirse un temor a pesar de llevar todo en regla no sé si es por estar por fuera de la tierrita o porque uno ha escuchado muchas historias, o visto muchas películas; lo cierto es que si uno se pone nervioso, como serán aquellas personas que van de mulas o camellos como dicen acá, la fauna cambia dependiendo del país.
Vamos a que habéis venido a España, me dijo un guarda que revisó mi pasaporte, sigue por allí, pasé a las cabinas donde revisan tus papeles, y todo bien como diría el Pibe Valderrama; continué para busca donde hacer la conexión para Bilbao; el aeropuerto inmenso al menos tiene unos pasillos eléctricos que le ahorran a uno la caminada y cuando llegué a buscar el sector HJK eso estaba como a 20 minutos de distancia, suba y baje escaleras, avance pasillos hasta llegar a un lugar donde están todos los almacenes, entonces quise chismosear pero me perdí en ese no lugar como lo llamaría Marc Auge, se me olvidó que estaba en España, todo era igualito, la ropa, los chocolatines, las revistas, accesorios así que vine a recordar que estaba en España cuando pregunte por el precio de un jean y me dijeron “vamos que ese te cuesta 100 Euros”· huuy casi salgo corriendo como 300 mil devaluados pesos, entonces dije ver y no tocar; salí con deseo de café, el tinto costó un Euro con 80 como cino mil pesos colombianos y el agua 1 Euro con 20, así que mejor quedarse quietito para no tener que gastar ni energía o evitar la fatiga.
Bueno mis amigos de la llegada a Bilbao les estaré contando más adelante espero que si se leen la historia me escriban que cosas quieren saber les adelanto que estuve viendo bailar la música de Juanes, recorriendo la Ría, viendo el corte Ingles, el casco viejo de Bilbao y sintiendo el país vasco en un bar tradicional entre vinos, quesos, jamones y tapas o chutxos que son deliciosos, escuchando emisoras de colombianos, descubriendo quien hizo el metro de Medellín. El plan es poder coronar la torre infiel perdón visitar la ciudad de las luces y subir a la torre Eiffel; eso será más adelante, mientras tanto pueden ir consignando en la cuenta de ahorros banco de Colombia No………………….
Chao mis paisanos, “Agur” en idioma esukera.
Nos vemos en la próxima; ahí les anexo las primeras fotos.
